
Siempre pensé que al escribir podría uno no solo materializar los pensamientos, desde los más básicos hasta aquellos que consideramos complejos, sino también influir o inspirar a otras personas a través de de una corriente de pensamiento. Esto no debiera ser novedad, ni el egocentrismo de dicha idea ni la idea misma.
De todas formas y como es costumbre, me escapo en divagaciones que poco tienen que ver con lo que quiero decir. Lo cierto es que al escribir siento que la vida deja de ser tan abstracta y pasajera, lleno gradualmente ese vacío que comienza a gestarse a partir de la idea de trascendencia/intrascendencia.
El objetivo principal de este escrito es ¿venerar? la inspiración, aquella escurridiza y caprichosa, que aparece en momentos insospechados.
¿De dónde viene la inspiración? en mi caso particular las fuentes de inspiración son las imágenes. Este texto nació de una imagen, la misma que ven ahora en sus pantallas.
¿Qué tiene de hermoso esta foto? la apreciación de un objeto es totalmente subjetiva, huelga decirlo, sin embargo, hay un elemento en dicha toma desconocido por el lector; la fotógrafa.
Entonces me pregunto, el encanto de la fotografía proviene de si misma o de la mujer que con varias decenas de tomas se perdía, se alejaba del grupo como enajenada del mundo, como peregrina de otra dimensión, absorta en la imagen e indiferente de todo lo demás, de los prescindible, de nosotros.
La belleza de esta imagen radica en que nos transporta hacia otra imagen, tanto a mí, testigo de su origen, como a otro que viendo por primera vez la foto sea capaz de detenerse a imaginar.
Así las imágenes se constituyen en ventanales de la existencia y nos permiten (al menos a mí) sentirnos reales.
Agradecimientos especiales a Daniela, por ser capaz de ignorarnos y regalar un momento de contemplativa inspiración.
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