En esta oportunidad hablaré sobre un tema que está siendo muy discutido en nuestra sociedad y es la base de lo que yo considero una “injusta e ignorante cruzada sexista”.
Es que el tema de la igualdad entre mujeres y hombres me parece que, lejos de tener un efecto emancipador, está dirigiendo sus energías en un camino ilógico, la búsqueda de la igualdad en el significado literal del concepto. Es aquí donde comienzan los problemas.
Como sociedad nos preocupamos de conseguir la igualdad entre una mujer y un hombre y nos olvidamos de que por naturaleza NO SOMOS IGUALES. El ser humano está divido en dos sexos que lejos de ser idénticos son muy diferentes, pero no solo somos diferentes, sino complementarios. En diversas características propias de cada sexo podemos sostener la idea de que somos diferentes y complementarios, ya sean características tan evidentes como nuestros órganos sexuales, o la tan sutil marca que llamamos personalidad, y es que los hombres y las mujeres nos relacionamos, actuamos y pensamos de manera muy diferente. Somos hormonalmente y cerebralmente muy distintos y lo lógico sería potenciar nuestras habilidades acorde a nuestras características, por el contrario, la moda de hoy es igualar la mujer al hombre, y es que no nos engañemos, en este mundo no es el hombre el que desea alcanzar una “femineidad social” (termino inventado, no se molesten en corroborarlo) sino que es la mujer, lamentablemente, la que cada día quiere parecerse más al hombre. Y es que nuestras compañeras creen que al emular conductas masculinas, o cumpliendo roles masculinos podrán alcanzar lo que en el fondo desean; “equidad” y la tan ansiada igualdad no necesariamente lleva a la equidad y esta última es por la que debemos luchar.
Hoy en día vivimos en una sociedad que se edificó en cimientos históricos de discriminación al sexo femenino, en donde podemos ver algunos fenómenos reales como la menor remuneración recibida por una mujer frente a un hombre teniendo el mismo rango profesional y desempeñando el mismo cargo, este hecho más común de lo que imaginamos o queremos reconocer atenta directamente contra el propósito de equidad social. Es así como no solo en lo laboral, sino en las políticas de salud, en el área provisional, en el sistema de pensiones, en fin, en todo el sistema que nos sustenta como sociedad, encontramos abismales injusticias dirigidas al género femenino. ¿Cómo lograr entonces la equidad? La respuesta tiene que ver con reformas políticas serias y sustentables, y para ello necesitamos un poder ejecutivo centrado en dichas reformas y un congreso que esté concientizado a apoyar dicho plan. En Chile tenemos hoy a la que podría ser la mayor promesa y la mayor desilusión como presidenta. La señora Michelle Bachelet lejos de edificar la equidad a base de políticas públicas bien dirigidas se contenta con enarbolar con convencimiento la bandera feminista, tratando de ejercer a la fuerza una presión sexista justificada en la victimización del sexo femenino. Es así como nuestra presidenta ha logrado hincharme los huevos con conceptos inservibles como la famosa paridad que ha establecido en su gobierno. Les pregunto ahora, cuánto durará la paridad de Michelle? Pues esta muy claro, hasta que dure Michelle, es que nadie puede pretender ejercer por fuerza lo que se debe ganar a base de esfuerzo. Mientras no tengamos una política del ejecutivo capaz de reformar de manera consistente la sociedad actual, todos los esfuerzos basados en la esperanza que dio nuestra presidenta se irán al tacho de la basura. No basta señora Michelle, con poner a la fuerza una regla de paridad en el gabinete, no basta con llorar al hombro de Chile hablando de femicidio político, no basta señora Michelle con sus acciones populistas y livianas para lograr lo que prometió a la mujer y al hombre chileno. Cuando Michelle Bachelet se baje del carro de la igualdad y comience la marcha en el de la equidad podremos decir que su mandato no ha sido un fracaso. Mientras, nuestra presidenta sigue siendo a mi juicio una de los principales entorpecedores del posicionamiento justo de la mujer chilena en la sociedad. No es necesario transformar a la mujer en un varón, debemos aprender (y sobretodo ellas) a vivir en equidad, respetando las diferencias fundamentales de nuestros géneros.

1 comentario:
En muchos puntos estoy de acuerdo contigo, pero ¿no te parece que hay que comenzar por algo? Estoy segura que poco a poco iremos logrando la equidad y depurando el concepto!!!!!
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