El fino arte de convencer se me ha hecho cotidiano durante toda mi corta existencia, pero ahora màs que nunca cobra un sentido trascendental. Somos capaces los seres humanos de autoconvencernos verdaderamente sin morir en el intento? Conozco algunos sujetos que se autoconvencen de distintas cosas, de que deben trabajar porque asì lo dicta la supervivencia social, de que deben someterse porque el dinero asì lo establece,y otras yerbitas màs en el campo del autoconvencimiento. El umbral humano es enorme y abarca muchas fronteras, lìmites de lo aceptable y lo aguantable. Siempre me ha llamado la atenciòn aquel grupo de selectos humanos a los que llamamos resignados, quienes parecen tener un umbral de aguante excepcionalmente estirado incluso hay quienes los llaman màrtires y les encienden velitas en construcciones fastuosas (no me cree? revise la historia del catolicismo y se sorprenderà) llamense como se llamen esos sujetos siempre me han causado recelo, y una mezcla de pena y reprobación. Pero ¿ cuáles son las causas que llevan a cualquier ser humano con algo de autoestima a autoconvencerse de que algo desagradable no lo es tanto? yo creo que la respuesta es fácil el amor. Las madres se resignan por los hijos, las novias por los novios y así cada quien es capaz de resignarse por el ser amado, de ceder, de autoconvencerse que lo malo resulta que a segunda vista no es tan malo.
De esta forma vamos creando una sociedad resignada, propensa al autoconvencimiento y al borde del letargo. Es que nadie necesita una sociedad beligerante, es mejor callar aquello que nos molesta, hacer vista gorda y centrarnos en lo bueno, aunque eso nos pueda llevar a la autodestrucciòn de nuestro yo más interno, una renuncia fundamental a aceptar por amor a otro lo que juramos en nuestra vida "jamás aceptar"
El amor muchachos es cosa traicionera y medio sucia, pero no podemos evitar sentirlo, es por eso que los actos de gloriamàs brillantes y los actos màs negros de locura se cometen por este fenomeno bioquímico que llamamos amor.
Yo estoy aprendiendo a amar, y así me hago cada día un poco más débil, un poco más maleable, un poco más mamaón o macabeo, llamenle como gusten. Pero a palabras del difunto Nietzsche yo estoy pasando a aquellos que componen el mundo de los dèbiles,ymientras me alejo del superhombre voy percibiendo como aquella "NO FUERZA" me carcome el alma.
Pero no se espanten y no sientan pena, pronto les tocarà a ustedes.
1 comentario:
EStimado Roberto,
Catando las mieles de la debilidad en un cuarto oscuro te sorprendo, resignado y cabizbajo te imagino mientras escribes... "non plores chiquet, non plores"... solo es un momento, probablemente aquél en que el amor, ese al culpas entre dientes de tu declive ;), te enseño la hiel que lleva pegada én su apéndice izquierdo (la miel en el derecho)...
Te ruego me permitas, mi querido amigo, apuntar una observación, no acerca de tu osada afirmación de que el amor nos hace débiles, pues en cierto modo lo comparto, dependes, y eso te quita fuerza... Y eso sobre esta fuerza última de la que hablo, sobre la que quiero dejar mi nota; ¿de qué depende ELLA, sino de estar continuamente alerta de no depender de nada? Mira su cara tan triste ..., no llora, no ríe, no añora, ni siquiera duerme..., no vaya a ser que en ese dormir, se cuele en sus sueños un lazo.
:) Marian
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